¿Qué se siente no saber montar bicicleta?

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Esta entrada, escrita por Juan Sebastián Torres, nos invita a perder el miedo a aprender cosas nuevas, así parezcan triviales. En el Bicitante apoyamos todo lo que implique aprender y arriesgarse a mejorar.

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Todo el mundo dice que eso de montar bicicleta no se olvida. No sé si yo soy una excepción o tengo algún problema motriz, pero les digo que sí se olvida. Recuerdo cuando tenía ocho años y estaba en vacaciones, en esos días soleados de junio -cuando aún había algo de certidumbre sobre el clima-, bajaba al sótano del edificio, sacaba mi bicicleta morada -era pequeña y parecía de niña- y daba un montón de vueltas al conjunto. Siempre he sido demasiado flaco por mi salud, entonces no era de esos que podían montar con una mano o sin manos. Simplemente montaba y era muy chévere.

Un par de años después nos trasteamos a una casa. No sé por qué, pero dejé de montar. Tal vez porque ya no tenía la seguridad de mi conjunto o porque me absorbieron otras cosas -televisión, música, bachillerato, videojuegos-. Quién sabe. Pasaron los años y creo que le cogí miedo y mi cuerpo decidió que, a diferencia de todos los otros cuerpos, olvidaría cómo montar una bicicleta.

A través de los años lo he intentado. Un domingo con mi familia en la mitad de la calle fracasé casi cayéndome encima de un carro parqueado; una noche en Boston con mi hermano y una amiga de él mientras me gritaba: “¡No sea nena!”, sólo pude andar recto unos metros pero en ningún momento con la misma alegría que sentía a los ocho años; y en la finca, acompañado de mi novia, traté de moverme en los caminos de pasto. Pese a que quería impresionarla o que se sintiera orgullosa de mí, se sintió como un ejercicio inútil y casi imposible -aunque me reí mucho con ella-.

Con el tiempo lo he aceptado. Antes, cuando alguien tenía un plan en la ciclovía o una salida parecida, yo me hacía el bobo y, casi instintivamente, lo rechazaba: “No… tengo un almuerzo con mi familia”. Ahora lo presento como un dato curioso sobre mí. Casi alardeando y sin que me pregunten: “Eh… yo no sé montar bicicleta”. Estoy seguro de que me estoy perdiendo de algo muy bonito. Con Facebook lleno de “ciclopaseos”, “rodadas” o como sea que se llamen, es decepcionante saber que, por ahora, no puedo darle “attending” a ninguno de esos eventos.

Y, ¿por qué no aprendo? Porque los días son cortos, porque las responsabilidades son entrometidas, porque llueve mucho, porque voy con prisa a una cita, porque tengo miedo, porque me da vergüenza salir a aprender y caerme, frustrarme y volver a mi casa con un inútil pedazo de metal. Esas cosas pasan todo el tiempo. Hay quienes no saben nadar. Hay quienes no saben tocar un instrumento. Peor aún, hay quienes no saben escribir. Qué lindo sería que todos los que no sabemos hacer cosas “básicas” nos reuniéramos un día, habláramos de esas vergüenzas e intentáramos enseñarnos. Sólo espero que ese plan no sea un domingo en ciclovía.

Por: Juan Sebastián Torres – @lachevereco

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