Conquistando Patios con Andrés Parra

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Muchos lo recuerdan como el Patrón del Mal por su interpretación del capo del narcotráfico colombiano, Pablo Emilio Escobar; algunos por el agente Tenorio, un policía torpe pero de gran corazón de la película colombiana San Andresito;  y otros seguramente lo reconocen por su actuación como un cura que se debate entre el romance y su vocación en la Pasión de Gabriel. La verdad es que sobran películas, novelas y obras de teatro para admirar su trabajo. 

Sin embargo, pocos lo conocen en su propio papel: en el de Andrés Parra.  Un hombre de 39 años, caleño por accidente, que odia el pescado, madrugar, la fama y la farándula. Solitario, cero rumbero, fanático de la fotografía, amante de su oficio y padre de Sebastián, de doce años.

Le gusta la pintura y pasar tiempo en Facebook y Twitter. Solía hacer malabares (pero no en los semáforos).

Nunca fue deportista. El peor de su clase en educación física. Un desastre, un ‘petardo’, como él mismo se describe.  No podía subir ni una escalera sin perder el aliento y aún así, hoy en día, tres veces a la semana, cuando ni siquiera el sol ha salido, se sube en su bicicleta roja, se llena de adrenalina y energía, y recorre durante treinta minutos 6,5 kilómetros de vía pavimentada para coronar Patios, ese lugar predilecto de los ciclistas en Bogotá para poner a prueba cuerpo y mente que alcanza los 3.000 metros de altitud.

El hobbie que en este momento manda su vida es la bicicleta. Tiene dos: la “Chica”, la de ruta para Patios; y el “Chico”, la de montaña para hacer las vueltas.

 

El Bicitante tuvo la fortuna de reunirse con el actor para hablar de su vicio por la Bici y conocer un poco más sobre su experiencia recorriendo Bogotá en dos ruedas.

Andrés nos recibió con una alegría enorme, vestido como todo un ciclista “pro” (como él diría): short de lycra negro, jersey rojo con bolsillos traseros, guantes, casco y gafas. Como todo un profesional. Nos presentó a la “Chica”, y compartió con nosotros un rato muy agradable, donde fue evidente su sencillez, simpatía y buen sentido del humor. 

¿Cómo fueron tus primeras rodadas? 

Aprendí a montar bicicleta en una monareta en el barrio donde vivía con mis papás, dándole vueltas a una plazoletica. Creo que era una de esas de la época, de las  que usaba el Chavo del Ocho y la Chilindrina.

Luego pasé a una de cambios y me la robaron por bruto. Yo tenía once años,  la dejé en un parque y me fui a comprar una gaseosa. Cuando volví , ¡chao!, ya no había ninguna bicicleta. Me quedé sin bici por mucho tiempo.

 

¿Cómo regresas a la bici? 

Yo andaba en una tusa tenaz, desesperado y aburrido. Un día mi amigo Andrés Suárez me dijo que me comprara una bicicleta. Nos fuimos a la calle 13 donde son baratas, y había una GW,  yo no sé si chiviada u original, y le metí cambios Shimano, la chapa y el plato sin tener idea de qué me estaban hablando. Empecé a montar con Andrés y me afiebre tenazmente. Eso fue hace 4 años.

 

¿Entonces, la bici te ayudó a superar la tusa*? Mija fue la mejor terapia. Yo sentía que iba a chillar y me montaba en esa bicicleta. Me ponía los audífonos y podía montar dos o tres horas, quemando ahí tristeza y por otro lado,  ganando un montón de otras cosas.

¿Qué rutas recorrías en tu bici? 

Montaba por todo Bogotá, por todas las ciclo rutas posibles. Me iba hasta el peaje  del Norte, Mac Donalds de Chía, por la ciclo ruta de la calle 19 y por la que queda detrás de los cementerios. Luego empecé a irme a ciertas vueltas en bicicleta. Si había una audición o un casting llegaba en la bicicleta, incluso también al canal.

Me empecé a engomar. -Que póngale luces, que cómprese el inflador-,  y empecé a llevármela a los paseos, a las fincas; tanto así, que cuando yo hice La Bruja en Jardín, Antioquia, de los favores inmensos que pedí a la producción fue que yo pudiera llevarme la bicicleta y allá monté muchísimo. La he llevado a Girardot, a los Llanos, y a Antioquia.

¿Qué descubriste con la bicicleta? 

A mi me pasó particularmente que conocí otra Bogotá. La ciudad que yo conocía era en carro o en Transmilenio o de pato en el puesto de copiloto. Cuando te montas a la bici descubres una Bogotá totalmente nueva, donde rinde más el tiempo, tienes el tiempo de ver los locales, la gente, los otros ciclistas y donde te sorprendes de la 19, de la 15, de la 127, calles que uno ha conocido durante más de treinta años.

 ¿Qué has logrado en la bici?  

Se me quitó definitivamente el vicio de fumar.  ¿Culpa de quién?. De la bicicleta. Yo era muy fumador, fumaba un paquete al día y también en ambiente social,  cuando iba a una fiesta me metía 3 cigarrillitos.  Cuando empecé  seriamente a montar bicicleta, lo dejé del todo. Ahora ni se me ocurre porque sé que me lo va a cobrar durísimo.

La bicicleta me ha ayudado también a bajar muchísimo de peso. Me ha quitado un poco de estrés, se volvió mi psicóloga.  Llego de montar y estoy como nuevo, me da un montón de energía, la necesaria para el día.

Me ahorra tiempo, me ahorra plata y me ha hecho conocer gente muy chévere.

¿Si la bicicleta no hubiera llegado a tu vida , como sería Andrés Parra en este momento?

Pesaría todavía 110  o 115 Kilos.  Peso en este momento 83 kilos, 200 gramos. Hoy subí a Patios, puede ser que ya esté en 83 cerrados.

Fumaría un paquete y medio al día. Estaría tomando trago, aunque no soy muy bebedor. Creo que estaría con un genio a lo mejor diferente, estaría pesado, fofo y cuidaría muy poco a los ciclistas.

¿Has cambiado tu visión del mundo desde la bicicleta? 

Al volverme ciclista, creé también una conciencia de respeto hacia los que van en bici. No es que antes yo les echara el carro, pero ahora yo me abro por ahí dos cuadras.  Antes les pasaba cerquita.  ¿Usted cree que a mí se me ocurre hoy pitarle a un ciclista?. Antes a lo mejor yo les gritaba: – ¡Estos malparidos que se creen, que están en el tour de Francia!-. A mi ya no se me ocurre ni pitarles, qué falta de respeto. Cuando me pitan me da una rabia porque digo:  – Este hijueputa seguro nunca se ha montado en una cicla – .

¿De recorrer la ciudad en tu bici, como llegaste al Alto de Patios? 

Yo empecé a hacer una novela con Isabel Cristina Estrada,  quien es una actriz muy deportista.  Ella dice que su sueño hubiera sido vivir del deporte. Hoy en día corre las maratones y usa la bicicleta. Un día ella estaba hablando de la cicla y yo que tengo un bagaje de montar durante cuatro años en la calle, en mi bicicleta de montaña, me le acerqué y le dije: – ¿En serio tú montas? –  Y ella,  muy sencilla, me dijo que sí, y va y me pregunta: -¿vos ya subís a Patios?-.

La verdad había intentado una vez subir y no había podido. Le dije – obviamente no, eso sí ya es muy pro. Y ella me respondió:  – yo subo más o menos todos los días-.

Me sentí una hueva, – ¡dizque ciclista!- , y desde ese momento se me metió en la cabeza la idea de que yo tenía que lograr subir a Patios. Empecé a entrenar. La primera vez que lo intenté, me bajé 800 veces y no llegué a ninguna parte, la segunda vez igual y a la tercera coroné Patios.

 

¿Qué sentiste cuando “coronaste Patios”? 

En el medio ciclístico,  “coronar Patios”,  se siente como si uno viajara a otro mundo,  dicen qué esa es la sensación cuando uno llega al peaje, y se vuelve un vicio. Y se me volvió un vicio. Yo necesito llegar a Patios.

Cuando me subo a la bicicleta , pienso – ¿qué estoy haciendo?¡ Hijueputa yo por qué no estoy en mi cama, por qué no estoy en mi casa!-, pero lo que yo siento cuando subo a Patios, es como si fuera el deportista más salvaje de este mundo hermana.

Uno llega vuelto nada, lo recibe Maribel a uno con su juguito, uno se come una arepita y eso es una felicidad tan inmensa hermana. Ver amanecer yendo hacia Patios, ver salir el sol, y uno mientras tanto sudando, reventándose para llegar y de repente ver al viejito marica de 60 años, que lleva no se cuántos años haciendo eso y lo pasa a uno. Es muy chévere.

 

¿Cada cuánto ruedas a Patios? 

Trato de ir por lo menos tres días a la semana, muy temprano, cuando no hay mucho tráfico. Sagradamente voy los domingos porque aprovecho que sube mucha gente y es un parche tan bonito. Ahí, trato de hacer una ruta más larga,  de irme hasta el Municipio de Briceño o eventualmente dar la vuelta entera, la cual aún no he logrado.

A veces subo los sábados.  El cuerpo me lo pide, me levanta temprano.  Ahora resulta que a mi hijo lo recoge el bus temprano,  entonces ha sido buenísimo porque yo lo levanto, lo visto y nos vamos juntos: yo para Patios y él para el colegio. Me voy a las 5:15 de la mañana, con un grupito de amigos, y procuro llevarme un carro atrás por si cualquier cosa llega a pasar, por seguridad.

¿Cuál ha sido tu récord en tiempo cuando subes a Patios? 

Empecé en una hora, la vez que me bajé como 800 veces.  Ahora estoy en treinta  y treinta y un minutos. Ese es mi mayor récord. Ya no pertenezco al grupo de “Los Patacones”, que son los que se echan cuarenta y cinco minutos para subir a Patios. Cuando usted se demora menos de 45 minutos,  usted ya no es un patacón.

¿Cómo combinas tu trabajo como actor con la bicicleta?


Trato de no montar un día que sé que me va a tocar muy duro, entonces tengo unos rodillitos en mi casa donde vuelvo estática la bici y hago fondo. Y un día que no me toque trabajar mucho, me voy, me tomo mi tiempo, me baño y me voy a grabar.

 

Una  historia chistosa en bici… 

Pues el tema de los choclos. Ya estrené los choclos* de lado y lado, ya me caí de uno y del otro. La típica que uno no se alcanza a “desenchoclar” y  se va con todo y cicla como un huevón en un semáforo.

Ya me caí duro. Tengo cinco caídas, una muy dura, en la que me dañé la mano,  pero todas las he sacado baratas, no me ha pasado nada grave.

Recuerdo que la otra vez una niña en twitter puso una cosa que me gustó tanto. Decía: “Sólo hay dos clases de ciclistas, los que se cayeron y los que se van a caer”.

 

¿Recomiendas la bici? 

Sí. La recomiendo hasta para los que somos ya mayores de 30 años. Empiecen a montarse en la bici. Me parece ideal, es un buen deporte. La bici te exige y ves unos resultados muy chéveres.  No tienes necesariamente que depender de alguien para practicarlo, como en básquet, en fútbol, en voleibol. Es una actividad que si por alguna razón nadie pudo salir, tú puedes salir, y no necesitas tampoco una cancha como ir a jugar tenis, no tienes que ir a un club, a un centro deportivo, no tienes que ir ningún sitio, solo tienes que subirte e irte.

¿Al ser ciclista urbano, la ciudad ha sido amable contigo? Conmigo la ciudad ha sido muy amigable. He tenido sustos, pero ha sido generosa cuando voy en bici. Creo que faltan más ciclo rutas y que el peatón entienda que es para el ciclista y no para el, no nos han enseñado del todo a usarlas.

Claramente sigue existiendo el “atarban” al que le importa un carajo el ciclista y se lo va comiendo por delante, pero me da la sensación de que la bici se está tomando la ciudad, cada vez  uno ve más bicicletas en las ciclo rutas.

No sé porque le tienen tanta rabia al ciclista – ola-. Nos odian, no nos quieren, aún hay gente que no nos entiende. Yo creo que todos debemos poner un poco para mejorar la cultura, empezando por el mismo ciclista. He visto gente sin casco, bajando en la ciclovía a unas velocidades absurdas.

 

¿Qué deberían mejorar nuestras ciudades para los ciclistas urbanos? 

Me gustaría que los parqueaderos tuvieran más espacios para las bicis. Hay muchos lugares donde tú vas y no hay lugar para las bicicletas o está prohibido.

Me parece un poco aburrido. Siento como si la ciudad no nos reconociera, de alguna u otra manera estamos aportando a un carro menos en el trancón, menos contaminación. Lo mínimo es que yo pueda llevar una bicicleta y tenga donde parquearla; es que no nos deberían cobrar, sino una suma simbólica, darnos un incentivo.

Unos consejos para nuestros bicitantes por parte de Andrés Parra  

  1. Nunca perderle el respeto a la bicicleta, jamás confiarse y más en Bogotá,  porque en cualquier momento sale la buseta, o se te mete el taxista o te abren la puerta.
  2. ¡No te puedes confiar, el día que tú confías te “descoñetas” duro! Uno se confía en este bicho y uno se va de culo.
  3. Denle el chance a la bici. Prueben un día irse en carro y el otro en bici para que se den cuenta del tiempo que se van a ahorrar. Van a poder dormir media hora más.
  4. Venga el que venga a echarle flores de su bicicleta, ignórelo hermano. No lo mire, pase por antipático, pase por lo peor. Como dicen – No se presta ni el carro, ni el caballo, ni la mujer, ni la bicicleta. – Esas cuatro cosas no se prestan, es una regla de oro.
  5. Usen el casco.

Nos despedimos de Andrés, felices de haber compartido con él su pasión y admiración por la bici. Tímidamente nos confiesa que jamás ha rodado en grupo por la ciudad, así que prometemos invitarlo a una salida en bici con El Bicitante.

– Si me invitan, yo voy-  nos dice,  – nos llevamos la de montaña, pero la de los choclos no porque nos vamos de culo. Me avisan, no me vayan a dejar embalado –. Será para nuestra próxima edición: Rodando con Andrés Parra.

*Tusa: Pena de amor

* Choclos: Pedales de Clip


Por: Carolina Escobar C. “Mencha” @kajomizuki

Fotos: Juan Rodrigo Cortés @juandariego 

3 Comentarios

  1. Acabo de darme cuenta que soy una gue……… pues gasto mas de cuarenta y cinco minutos en subir a Patios a bordo de una “panadera” con alforjas, GPS, etc. Me entreno para viajar a Cartagena en bicicleta el próximo Diciembre.
    Buen reportaje. Bienvenido don Andres al mundo de las dos ruedas.

  2. Muy bueno el artículo…Hace 14 meses que uso la bici para ir y venir del trabajo y me ahora no consivo otro manera de hacer que sea tan eficiente.
    Gracias de nuevo. Un abrazo.

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